Señales… y una única señal.
Todos somos incrédulos,
todos queremos ver “pruebas o señales” de que lo que se nos dice es una
realidad neta. Esto, no es nuevo, hace dos mil años el Mesìas, el Hijo de Dios
estuvo sobre la faz de la tierra y las gentes le pedìan señales, hasta el diablo
le pidió señales (Lucas 4:6). En una ocasión se narra: que la “generación mala
y adùltera” es la que pide señales (Mateo 12:39), y sì, a ellos también se les
darán pruebas pero a ellos se les dará “UNA ÙNICA PRUEBA”, y de poco o nada les
servirà, veamos: “Porque como estuvo Jonás en el
vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en
el corazón de la tierra tres días y tres noches” (Mateo 12:40). Los ciegos sanaban y miraban; los cojos
sanaban y caminaban; los enfermos eran sanados y se ponían a servir; los
muertos eran resucitados y le seguían, pero la generación mala y adùltera
QUERÌA SEÑALES. Cristo, ante tanta dureza de corazón dijo: “Solo tendrán una
única señal”. Pero las pruebas demuestran que ya sería tardìa, pues esa “única
señal” sería cuando ya todo había terminado (Mateo 24:39). Ya no era tiempo de
oìr su voz como dice la escritura: “Buscad
a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano. Deje
el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos” (Isaìas 55:6).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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