Cuando hasta nuestra sombra nos deja.

 


 

¡Cuàntos sermones hemos escuchado acerca del huerto de Gersemanì, cómo el sufrimiento del Señor fue tan grande que derramò, sudando, gotas de sangre, y cómo sus discípulos íntimos le dejaron sòlo (Lucas 21:44). ¡Què sufrimiento tan grande tuvo que haber tenido nuestro Señor para necesitar, siendo el Hijo de Dios, ser consolado por un àngel. Guardando las respectivas distancias, hay ocasiones en nuestras vidas cuando las noches son tan oscuras, que como le sucedió a Cristo nos quedamos tan solos que nosotros también sentimos que hasta nuestra sombra nos deja solos. Eso nos sucede porque olvidamos que Dios, nuestro Padre, mandò a su Hijo y al Espìritu Santo para que nos guiaran y nos consolaran precisamente en esos momentos. Cuando más solos nos sentimos es cuando ellos están más pendientes de nosotros, lo único es que, en la mayoría de las ocasiones, lo discernimos hasta cuando ya pasó la noche de tormenta. Selah.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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