Siempre veremos la promesa cumplida.
Como buenos e impacientes
seres humanos, cuando alguien nos ofrece algo esperamos recibirlo pronto. Nos
parece que el tiempo se hace eterno si lo que nos fue ofrecido es algo que nos
llama mucho la atención, lo necesitamos, o, lo hemos deseado por mucho tiempo.
Bueno, pues en el ámbito espiritual las escrituras nos hacen muchas promesas
que tienen un tiempo para su cumplimiento, y es allí, en donde nosotros
fallamos o nos desesperamos, pues queremos que ese tiempo se reduzca al máximo.
Sin embargo, Dios siempre cumple con lo que nos ofreció a su debido tiempo.
Miremos un ejemplo. Felipe, discípulo de Juan el Bautista le dice a Natanael,
ven y ve al Mesìas, y Cristo “cuando supuestamente lo conoció”, les dice a
ambos: “De aquí en adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios
que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre” (Juan 1:51). Preguntamos:
¿Y cuándo nos narran las escrituras que sucedió eso en lo material?
¿Inmediatamente? ¡No! Lo pudieron ver “hasta” la ascenciòn de Cristo a los
cielos en Hechos 1:9-11… tres años y medio después. Seamos pacientes, Dios
siempre cumple sus promesas. Ahora bien, ¿Cuàl fue el requisito? ¡He aquí un verdadero
israelita en quien NO hay engaño! (Juan 1:49).
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa
Comentarios
Publicar un comentario