A mì me lo hicisteis.

 


 

Hace unos días nos juntamos con un amigo a tomar café, y nos contaba una anècdota. Una noche sintió una profunda sensación de sobar la espalda de su esposa mientras oraba por ella, y en cuanto lo inició a hacer, en su interior escuchò una voz que le decía: “No la estàs agradando a ella… sino a mì”. Vino a nuestra mente, al igual que a él, el verso que Jesús les mencionò a sus discípulos cuando les dijo: “Lo que hagáis al más pequeño de mis hermanos… a mì me lo hacéis” (Mateo 25:31-46). Què lección tan hermosa nos compartió èste hermano, pues ciertamente nunca, en términos generales, dejamos de amar a nuestra pareja, pero, no hemos logrado entender a plenitud la bendición que es el tenerla. Quienes hemos perdida a una, entendemos mejor lo que significa un lecho vaciò o friò; esa incapacidad incomprensible de no poder abrazar al ser amado no pudiendo volver el tiempo atràs. Bien haríamos, quienes aún tenemos pareja, en apreciarla. Pues defectos tiene… pero nosotros también, y quizás más grandes. Selah.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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