El tiempo vuela… y las sillas se están quedando vacìas.
“Todo tiene un tiempo en la vida” dijo el gran sabio
(Eclesiastés 3:1). Llega el tiempo de nacer, y, salvo cuando hay gemelos,
trillizos, etc se nace sólo. Luego el tiempo de la niñez, en donde abundan las
compañías. Le sigue el tiempo de la adolescencia, también rodeada de relativa
abundancia de compañía. Sigue el enamoramiento y la boda, y se inicia al menos
con la menor compañía, la pareja. Vienen los hijos que repiten la caminata de
uno, hasta que llega el momento del enamoramiento y la boda del primero y del
último también, lo que nos hace quedar nuevamente solos. ¡Sì, todo tiene su
tiempo en èsta vida!. En la familia, con
tanto afán y tanta necesidad cuando uno siente el tiempo volò y esa soledad
llega sin casi darnos cuenta. Bien lo dijo el gran sabio: “Hay tiempo para
llorar y tiempo para reír” (Eclesiastès 3:4). Bien haríamos en disfrutar más
los tiempos de risas y alegrìas pues el tiempo vuela… y cada día hay más sillas
vacìas en el hogar, y terminamos como cuando nacemos: SOLOS. Selah.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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