Escuchando lamentos.
Todos admiramos las acciones de los profetas, hasta quizás
hemos anhelado ser como uno de ellos. Pero, pocas veces nos detenemos a pensar
en la vida solitaria y complicada que realmente tuvieron por amar a Dios
incondicionalmente. Como ejemplos: Pasur (un sacerdote) mandò azotar a Jeremìas
y lo puso en un cepo por profetizar palabra de Jehovà (Jeremìas 20:1-2). Elias
fue perseguido por la reina Jezabel por profetizar palabra de Jehovà (1ª Reyes
19:2). Muy distintas actitudes a las de algunos hoy en día, que tienen en mente
dedicarse a los negocios de Dios pero para sacarle provecho económico,
privilegios o elogios. Bien dijo Cristo de ellos: “Hacen todas sus obras para ser vistos por
los hombres y que los llamen: Rabí, Rabí” (Mateo 23:5-7). Bien, volviendo al
punto, los profetas escuchaban reproches, lamentos, quejas, penas, angustias,
etc. del pueblo… y hasta de los religiosos, pero ellos tenían un privilegio que
ninguno tenía: “Sus lamentos personales los escuchaba y se los respondìa Dios
mismo”. Ojalà, y algún dìa ese fuera nuestro anhelo también. Lamentarnos
ùnicamente con Dios no con los hombres.
Señor: Danos
un honesto celo por tu casa.
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