Esa maldita noche… de tormento.

 


Un día antes se frotaba las manos pensando que pronto tendría un dinero fácil; hacìa planes acerca de que lo que había soñado hacer lo haría muy pronto porque al fin tendría los recursos. ¡Què fácil iba ser ganarse el salario de 30 dìas en un momento! ¡Con ese dinero podría comprar 30 esclavos y hacer su propia empresa y nunca más pasar angustias econòmicas!  Sì, eso pasaba por la mente de Judas un día antes de entregar a su Señor por dinero (Mateo 26:14-16). Pero, como la forma de ganàrselo no era la adecuada, ¿Se imagina usted la noche que pasó retorciéndose en su cama ese pobre hombre cuando razonò lo que había hecho?  Es muy posible que nadie JAMÀS haya pasado una noche de tormento tan maldita como la que pasó Judas. Veamos el resultado: “Viendo lo que le estaban haciendo a su maestro, se arrepintió y hasta devolvió o renuncio a su paga queriendo solventar su pecado, pero la pena era tan grande que mejor fue y se quitò la vida (Mateo 27:5). ¿Cuál es nuestra lección de todo esto?  No pongamos el dinero, ni nuestra comodidad como prioridad antes que a Dios, pues perderemos todo… hasta la vida misma. Evitemos esas malditas noches de tormento. Selah.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

 

 

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