Tan sòlo lo que vemos es manà.

 


 

En el libro de Nùmeros capítulo 11 y verso 6 leemos: “Y ahora, nuestra alma se seca (muere) pues nada sino tan sólo manà vemos”. El pueblo de Israel era esclavo en Egipto ya por 400 años. El Señor viene y les manda a Moisès a liberarlos de trabajos infrahumanos. Los destina a ser un pueblo especial entre las naciones, pero ellos tan sólo ven el cálido desierto y su día de hoy. ¡Cuantos de nosotros hemos sido sacados del pecado, de la enfermedad, de las limitaciones, y algunos hasta del oprobio y el hambre, de los barrios para ser llevados a zonas residenciales… y tan sólo lo que vemos es manà! No nos conformamos con todo lo que Dios nos ha dado, sino queremos más. Creemos que merecemos más. Le exigimos más con una falsa humidad de… ¿Què voy a hacer; què será de mì; si pasa o deja de pasar tal cosa?. El relato nos lleva a un final triste… ¡La queja! (pues eso fue ni más ni menos lo que hizo el pueblo de Israel),  lo  llevó a la destrucción de uno de los extremos del campamento (Nùmeros 11:1). Meditemos, pues en honor a la verdad: Muchos de nosotros tenemos más de lo que merecemos. No pidamos más… no sea que seamos eliminados del campamento.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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