Y Abraham… volvió a su lugar.

 


Nos narra el libro de Gènesis en el capítulo 18 los momentos previos a la destrucción de Sodoma, Gomorra y las otras 3 ciudades de la llanura (Admà, Zebollin y Zoar, Gènesis 14:2). En donde Abraham se acerca a Dios para interceder por la NO destrucción de dichas ciudades, sin embargo, no lo logra, no por falta de amor de Dios; no por falta de fe de Abraham, sino por la poca intención del corazón de las personas en dichas ciudades (ver todo Gènesis 18).

Pero en lo que nos queremos enfocarnos hoy, es en lo que sucedió luego del diálogo que ambos tuvieron en la intimidad: “Y Jehovà se fue, luego que acabó de hablar a Abraham; y Abraham volvió a su lugar” (Gènesis 18:33). ¿Cuàntos de nosotros, hoy, si tuviéramos un diálogo tan ìntimo y profundo con Dios, volveríamos a nuestro lugar?  Es muy razonable que Dios no nos hable tan claramente como hablò con nuestro padre Abraham, pues seguramente perderíamos la compostura y nos llenaríamos la boca de vanidad. Dios NO esconde su rostro ni su voz de nosotros porque sea ingrato sino somos nosotros los que no podríamos manejar la situación… y sería bien difícil que volviéramos a nuestro lugar con humildad. Selah.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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