Nuestros pecados no solamente los pagamos nosotros.
Desde el Gènesis hasta el Apocalipsis podemos ver cómo los
pecados de los padres son pagados también por los hijos. Caìn mata a su hermano
Abel, y no solamente él sino también sus hijos viven errantes y sin la
bendición de Dios (Gènesis 4:11-12). Cam, el hijo menor de Noè, lo ve desnudo y
lo irrespeta, y una maldición cae sobre él y su descendencia, la gente de piel
morena ha sido utilizada como esclava por milenios (Gènesis 9:25-26). David
codicia y toma por la fuerza a Betzabè esposa de Urìas y la embaraza, y Dios le
envìa un mensaje por medio del profeta Natàn: “Ese hijo, ciertamente morirà al
séptimo día”, y así sucediò (2ª Samuel 12:14-18). Nosotros, creyentes y los no
creyentes, podemos cometer cualquier pecado en contra de nuestros semejantes,
pero estemos conscientes que tarde o temprano lo pagaràn nuestros hijos. En
Apocalipsis vemos la destrucción de las naciones como lo profetizò Zacarìas en
14:1-4, en cuyas naciones hay mujeres, niños y ancianos que NO tienen la culpa
de lo que los adultos mayores gobernantes, en ignorancia, determinan hacer en
contra de Israel, pero igualmente mueren. Selah.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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