Publicanos y rameras primero.
Los publicanos eran personajes muy odiados en Israel hace
dos mil años, pues eran judíos que trabajaban para el régimen romano cobrando
los impuestos a sus hermanos judíos, y eran odiados porque tenían que ser
rìgidos en la cobranza. Ejemplo, el caso del más tarde, apóstol Mateo (Mateo
10:3). Y, las rameras (prostitutas) que siempre han sido mal vistas por su
profesión. El caso es que, en una de sus parábolas el Señor los utilizó como
ejemplo, pues indicó que personas así entrarìan al reino ANTES que otros (Mateo
21:31). ¿Por què? Pues la razón nos la da en los versos anteriores, cuando
explica que dos hijos dijeron a su padre: Uno, que sì iba a trabajar con él, y
el otro que no iba. El que dijo sì no fue, pero el que dijo no sì fue (Mateo
21:30). La moraleja o lección que nos deja èsta paràbola es la siguiente: Si
nos decimos creyentes, y cuando alguien acude a nosotros por ayuda no vamos,
entonces NO somos creyentes; pero si los auxiliamos entonces estamos dando
testimonio que sì lo somos en realidad. No permitamos que personas del mundo
(publicanos y rameras) sean más empáticas y obedientes que nosotros.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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