Señor: No soy digno.

 


 

Cuàntas veces no hemos leído el pasaje bìblico del centurión, aquèl cuyo siervo estaba enfermo y le pide sanaciòn a nuestro Salvador (Mateo 8:6). Y, ¿Con què palabras pide misericordia el hombre?  “Señor, NO soy digno que entres en mi casa, pero dì una sola palabra tuya y será sano” (Mateo 8:8). Como les dijo Cristo a sus discípulos en ese momento: “Ni en Israel he hallado tanta fe” (Mateo 8:10). Es increíble cómo nosotros hemos tenido tan fácil acceso a las misericordias de Dios, que nos creemos “dignos y hasta merecedores” de esa misericordia, quizás por ello, por momentos hasta nos atrevemos a “jugar” a ser creyentes, minimizando precisamente sus favores. No hemos hecho consciencia que fue el Señor quien nos eligió a nosotros y no nosotros a él, muy a pesar, que NO somos dignos. Eso, es algo importantìsimo que debiéramos estar recordando siempre (Efesios 1:1-6).

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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