Una simple mirada

 


 

“Y entonces, Jesús se volvió y viò a Pedro, y èste llorò amargamente” (Lucas 22:61). Dos veces antes Pedro había negado a su maestro y no había pasado nada, aparentemente. Pero lo que sucedió en la tercera ocasión fue diferente. Pues las miradas se cruzaron y la memoria de Pedro trajo a colaciòn las palabras profetizadas: “Antes que el gallo cante… me negaràs” (mismo verso). ¡Cuàntas veces, nuestros padres nos dijeron en la juventud TANTAS palabras, TANTAS advertencias, TANTAS indicaciones, TANTOS regaños… con UNA sola mirada!. Clamemos a Dios que ya no sigamos negándole, pues todos lo hacemos cuando ignoramos a propósito, o, sin querer alguno de sus mandatos, pues si él nos dirige la mirada que no sea para que lloremos amargamente. La perfección, ciertamente, no la alcanzaremos en èsta vida sino hasta cuando el Señor venga por su pueblo en las nubes, pero hagamos nuestra lucha (en el día de Jesucristo, Filipenses 1:6). Amèn

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa. 

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