A què llamamos ¿Educar bien a los hijos? (Parte final).
Más adelante vemos en el tiempo de los Jueces de Israel a
un hombre que yendo a batalla le dice a Dios: “Si me das la victoria sobre los
amonitas, cualquiera que saliere a recibirme a las puertas de mi casa… yo lo
ofrecerè en holocausto a tì”. Cuando Jefte vuelve con la victoria sale a
recibirle su única hija, quien al enterarse de la promesa de su padre… No
discute, Jeftè se lamenta pero cumple (Jueces 11:30-31 y 11:36). Hace dos mil
años, Dios Padre envìa a su Hijo primogènito a un sacrificio por los pecados
del mundo, y Cristo no discute con él sino obedece diciendo: “Yo no he bajado
del cielo para hacer mi voluntad sino la de mi Padre que me envió” (Isaìas 11:1
y Juan 6:38). ¿Logramos entender que ninguno de estos ejemplos se basan en
estar en la mejor casa de estudios; en enseñar a los hijos a ser y a dar lo
mejor de sì; hacerles creer que no debemos depender de los demás, etc?. Sino en
la educación que se recibe en casa para ser obedientes y obedientes en el
momento. Selah.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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