Cuando un hijo se va de casa (Parte uno).

 


 

Es un patròn de la vida que cada hijo tenga què tomar su camino algún día, y tanto para uno de padre como para un hijo es importantìsimo que lleve la bendición. Bìblicamente tenemos un ejemplo muy claro desde el principio, aunque las bendiciones nos parezcan que siempre tengan que llevar “agrado” y no “desagrado”. Veamos: El patriarca Jacob está por morir y llama a sus 12 hijos para darles la bendición, pero, repetimos, la bendición no siempre es por decirlo así “agradable”. En cada uno de los hijos, lo que Jacob hace es prácticamente una profecìa: Rubèn: A pesar de ser el primogènito, no seràs el principal… todos sabemos que perdió la primogenitura, por el hecho de haberse acostado con Bila, una concubina de su padre (Gènesis 49:3 y 35:22). Simeòn y Levì: Armas de iniquidad sus armas, porque en su furor mataron hombres… todos conocemos que fueron los vengadores del ultraje de Dina su hermana (Gènesis 49:5-6 y 34:25-31).

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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