Esas (necesarias) vergüenzas que nos pasan.
“Y dio a luz a su hijo
primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no
había lugar para ellos en el mesón” (Lucas 2:7). Así se narra el nacimiento del
Hijo de Dios sobre la tierra. Las escrituras no lo mencionan, pero seguramente
allí, en donde naciò, naciò rodeado de seres (animales) que NO comprendìan a
quièn tenían frente a sì, una aparente vergüenza para el Hijo de Dios, no un
palacio sino un pesebre. Según la Hermenèutica (ciencia que estudia la interpretación
de las escrituras), “el principio de algo o de alguien es igual al final”. Así,
Vemos la comprobación de ese principio en la vida de Nuestro Salvador, pues al
final de sus días, estuvo, no solamente rodeado sino perseguido por seres que
NUNCA llegaron a comprender a quién tenían frente a sì (los religiosos, Lucas
3:2 y Juan 11:49-50). Sì, tenemos que entender que en la vida cristiana, en
nuestra caminata, pasaremos muchas (necesarias) vergüenzas, pero, todas están
contempladas y controladas por el plan eterno de Dios. Lo importante es que,
NUNCA seamos seres irracionales que NO reconozcan a quién tienen frente a sì.
Selah.
Señor: Danos un honesto celo
por tu casa.
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