Se turbò Herodes y el pueblo con él.

 


 

Hace dos mil años, unos magos (sabios) llegaron de oriente, específicamente, a Belèn de Judea (Mateo 2:1). Llegaron porque, siendo estudiosos de las escrituras y de los tiempos, hallaron que se había cumplido el tiempo para el nacimiento del Rey de los judíos (Mateo 2:5). Cuando el rey Herodes, puesto en el reinado por el Imperio Romano sobre Israel, mandò llamar a los magos (sabios), y les quiso engañar pidiendo por favor que le dijeran en dónde estaba ese niño rey, para ir y adorarlo él también (Mateo 2:2). Entonces, nos dicen las escrituras, que el rey herodes se “turbò”… y toda Jerusalèn con él (Mateo 2:3). ¿Por què se tubrò Herodes? Porque vio en ese niño, a un contrincante. Pero, ¿Por què se turbò Jerusalèn? Porque conocían el extremo de la maldad de Herodes. Este, había mandado a matar a varios de sus parientes muy cercanos (Mariamne, su esposa; y a sus propios  hijos Aristòbulo, Alejandro y Antìpatro, precisamente por tener miedo de perder el trono). El pueblo se turbò, y con razón, pues días después del nacimiento de Cristo, mandò asesinar a todos los niños menores de 2 años. Sin embargo, para los últimos tiempos el Señor nos señala: “Nada turbe nuestro corazón” (Juan 14:1).

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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