Siervo fiel.
Cristo nos exhortò asì: “Bien, buen siervo y fiel;
bienaventurado porque diste alimento en casa a tiempo” (Mateo 24:45-46). Muchas
personas admiran a quienes tienen ministerios muy grandes o famosos, y
lastimosamente menosprecian a quienes tienen ministerios pequeños. Primero,
hemos de decir que ante los ojos de Dios NO HAY ministerios grandes ni
pequeños, el apóstol Pedro dijo: “Cada uno según el don recibido, minístrelo a
los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia del Señor” (1ª.
Pedro 4:10). Y, segundo, lo que hemos dado en llamar la “gran comisión” es ir y
predicar el evangelio a toda criatura (Marcos 16:15). Entonces, no importa si
predicamos a millones de personas; no importa si predicamos a pocos; no importa
si somos famosos o no lo somos; no importa si nos subimos a un pùlpito; si
predicamos en radio; si escribimos, etc. Lo que importa, es que prediquemos el
evangelio en todo momento y a toda criatura, nuestra obligación no es convertir
a todo el mundo, nuestra obligación es predicarle el evangelio de las Buenas
Nuevas de salvación a todo el mundo. No seremos siervos buenos y fieles por ser
famosos o influyentes seremos buenos y fieles por hacer lo que el Señor nos
mandò hacer. Selah.
Señor; Danos un honesto celo por tu casa.
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