Es fácil reconocer a un hombre de Dios.
Viviendo en los tiempos en los cuales vemos maldad,
corrupción, inmoralidad, engaño, mentira y malas intenciones de casi todos los hombres,
lastimosamente como dijo el rey Salomòn: “Dentro y fuera de la congregación” (Proverbios
5:14). Nos es muy difícil reconocer a un verdadero hombre de Dios, pero, Cristo
dijo: “Por sus frutos los reconoceréis” (Mateo 7:16). Así, vemos ese principio
como verdadero desde la antigüedad, pues hubo, por ejemplo, una gran hambruna
en la tierra en tiempos del profeta Eliseo, y el profeta ora por el aceite de
la viuda de Sunem y èste sobreabunda (2ª Reyes 4:38). Luego lo vemos orar por
el pan de la primicias que lleva su siervo Giezi para repartir entre cien
hombres, y èste sobreabunda, a tal grado que el profeta anticipa… “comerán y
sobrarà” (2ª Reyes 4:43-44). ¡Esa es una señal inequívoca de un hombre de
Dios!, cuando habiendo compartido o repartido algo hay un testimonio de
abundancia.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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