Fàcil se dice: Una corona de espinas.

 


 

“Y pusieron sobre su cabeza una corona tejida de espinas” (Mateo 27:29 y Juan 19:2). Se dice y se lee tan fácil, pero no hemos comprendido dos significados de la misma. Uno, “eran muchas” espinas, què según la costumbre romana medìan entre una, y una y media pulgadas. Por lo que atravesaban no solamente la piel sino quedaban ensartadas en carne. Y, dos, no eran unas cuantas sino muchas, por eso explica el apóstol Juan: “entretejieron”. Todo esto, era parte de la crucifixión de Cristo, no de cualquier mundano, y viene al caso porque Cristo nos dijo: “Si quieres ser mi discípulo, toma tu cruz (ser crucificado) y entonces sígueme” (Mateo 16:21-27). Así la situación, si nos decimos “cristianos” hemos de entender que también tendremos que sufrir las espinas de la corona, y dichas espinas son cada situación que nosotros vemos como “mala o desagradable” en nuestras caminatas, y que, parecieran penetrar e incrustarse en nuestra carne, y que debiéramos entender que nos son necesarias para entrar al reino de los cielos como dijo el apóstol Pablo (Hechos 14:22). Fàcil decimos “soy cristiano”, fácil se dice corana de espinas. Pero ¿entendemos?

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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