Si hubieran más Nehemìas hoy.
Corrìan el quinto siglo antes de Cristo, la tierra de
Israel estaba vacìa por el exilio babilònico y por el poderìa del Imperio Persa
(445 ac). Pero hubo un hombre, bien remunerado en su trabajo en la corte del
rey Ciro, que “renuncia” a su posición, a su salario y a su buena vida, para ir,
y por amor, reconstruir el muro y la ciudad de sus ancestros (Nehemìas 1:11).
Y, gracias a la labor y empatìa de èste hombre, el pueblo de Dios logra tener
otra vez su tierra, su templo y sobre todo, poder cumplir su ley (capítulo 8
completo). Hoy, en día, vemos ministerios por casualidad… o sea, ministros que
llegan por oportunidad al liderazgo; vemos ministerios por causalidad… o sea,
que por una causa inesperada llegan al liderazgo; pero vemos otros que son
ministerios como los de Cristo, por sangre. ¿Què significa eso? Pues que son
liderazgos entregados por Dios, a personas que han sido probadas, aprobadas y
ungidas por El. ¡Esos son los ministerios que proclaman la verdad del evangelio!
No son liderazgos de oportunidad que proclaman paz, poder, prosperidad, y un cuestionado
y dirigido “empoderamiento” del cuál sólo Dios puede proveer (Mateo 10:1), sino
ministerios que han pagado un precio de sangre para estar al frente como
Nehemìas. Meditemos.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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