Amor de conveniencia.

 


 

Vemos en la vida situaciones que son tan evidentes que no necesitan explicación, con el amor especialmente las señales son claras. Pensamos, cómo es posible que “casualmente” se enamoren dos primos cuyas fortunas están en peligro de caer en manos ajenas; cómo es posible, que un príncipe, se case con alguien más de la realeza habiéndose visto dos o tres veces en la vida; cómo es posible que una jovencita se case con un anciano o que un jovencito lo haga con una anciana, etc. Todos, incluyéndolos a ellos, nos damos cuenta que son amores por conveniencias. Luego, con el tiempo vemos los llamados “grandes escándalos” cuando se traicionan, se separan y hasta llegan a cometer un crimen. Cristo nos llama a que no tengamos amores de conveniencia con él, nos llama a un amor sincero, un amor voluntario, un amor que no solamente esté a sus pies sino que sirva para que seamos sus brazos extendidos a las necesidades de los demás (Mateo 16:25 y Mateo 22:36-40). Meditemos.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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