Las consecuencias.

 


 

Hubo hambre en Israel en tiempos del rey David (como varias veces en la historia ha sucedido), y David investigò el motivo: Saùl había traicionado su palabra en contra de los gabaonitas, descendientes de los amorreos. Tres años durò el hambre, hasta que David resarció a los ofendidos. ¿Còmo los resarció? Entregando lo que los gabaonitas pidieron: “Siete varones descendientes de la casa de Saùl para ser ahorcados” (2ª Samuel 21). ¡Qué eso NO es justicia alegarìamos hoy los creyentes, y más, los no creyentes!  Pero asì funciona el sistema desde siempre. Adàn y Eva pecaron… y toda la humanidad es pecadora. Los reyes y los sacerdotes israelitas fallaron… y todo el pueblo fue en esclavitud o cautiverio. Un padre de familia hace malos negocios o se mete en problemas con la ley… y la familia se queda sin casa y en la miseria. Toda acción que hacemos tiene una consecuencia. De cómo hagamos esa acción en ley o fuera de la ley, repercutirà en la consecuencia que cosechemos: Seguridad o verguenza.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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