Siete años dos veces.
Jacob conoce
a Raquel y se enamora de ella, a tal gado, que la pide en matrimonio. El Tìa
Labàn, padre de Raquel, le pide como requisito que trabaje para él por siete
años. El amor era tan grande que esos siete años no eran nada para el
entusiasta y enamorado Jacob. Pero, lo que Jacob no sabìa, era que las
costumbres de esa zona establecían que nunca una hija menor se podía casar
antes que la mayor, así la situación, el día de la noche de bodas, le entregan
a Lea en lugar de su amada Raquel (Gènesis 29:23). La frustración y la
decepción de Jacob fue enorme cuando vio el engaño, y encima, lo ponen a
trabajar otros siete años por la mujer que sì amaba (Gènesis 29:23-26 y 27-28).
¿Cuàntas veces en la vida sufrimos engaños, decepciones, frustraciones y
angustias por razones que desconocemos, o porque nos han engañado? Sin embargo, todo tiempo se llega y si
tomamos las situaciones con el entusiasmo, valentía y la disciplina de Jacob,
al final el Señor nos permite abrazar a nuestra hermosa y deseada Raquèl.
Señor: Danos
un honesto celo por tu casa.
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