Todos pensamos: ¡Què dura mi batalla!

 


 

“Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1ª Corintios 15:57). Alguien nos enseñò en el Instituto Bìblico lo siguiente: ¿Cuàl es el dolor más fuerte?... el que se tiene en el momento. Y TODOS creemos que el nuestro es más fuerte que el ajeno. Se nos muere un hijo de meses, y otro que perdió a su hijo de veinte años cree que su dolor es más fuerte porque tiene veinte años de recuerdos, pero no se pone a pensar que uno tiene toda una vida de frustración, decepción e ilusiones fallidas por lo que no tendrá nunca. Todos tenemos batallas que librar antes de entrar al reino de los cielos (Hechos 14:22). Pero el secreto para vencerlas nos la da Dios: “Cristo es la victoria”. Y, en la medida que también tengamos empatìa por el dolor ajeno, el nuestro se reducirà (Mateo 25:34-40). Y compartimos un consejo de la abuela: “Mijo, mirà para abajo, allí hay más gentes amoladas que las que están arriba”. No podemos negar nuestra batalla, pero siempre hay alguien con una más recia que la nuestra.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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